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Maná abrió Viña 2013 con la primera postal de triunfo

 Han mostrado todas sus etapas en Viña del Mar: La banda emergente en 1994, la consolidada en 1996, y la que se abría paso en el mundo en 2003. Diez años después, en 2013, es claro que los mexicanos de Maná lograron ese objetivo, y esta noche pasaron nuevamente a dejar testimonio de ello en este terreno fértil para ellos que es el Festival.

Porque el cuarteto que encabeza el cantante Fher Olvera sin dudas se ha globalizado en estos años, expandiendo su alcance incluso más allá de lo que los pronósticos de rigor dictaban para una banda latina. No por nada costó diez años traerlos de vuelta a la Quinta Vergara, pese a los reiterados intentos emprendidos por los organizadores.

Pero en su presentación de esta noche, los mexicanos también demostraron que, ni tan en el fondo, también hay cosas que difícilmente cambiarán, y una de ellas es todo lo que (para bien y para mal) estructura a la que con toda seguridad es una de las bandas más populares de nuestro país.

Así lo evidenció el grupo con un inicio anclado en Dónde jugarán los niños, el disco de 1992 que les abrió las puertas de todo el continente, y del que hoy extrajeron “Oye mi amor” y “De pies a cabeza”. Eran tiempos en que había algo de hippismo y de discurso ecológico, pero también otros elementos que luego se impondrían: Un rock mestizo y latino, la batería enérgica de Álex González, cuotas de reggae y, sobre todo, mucho romanticismo electrificado.

Apelando a ese guión (que les ha valido el odio de muchos) es que el cuarteto arrasó esta noche en la Quinta Vergara, refugio de un público especialmente romántico, en el que la reiteración de versos como llorar todo un río o lloverle al corazón, no encuentra mayor resistencia.

Maná ofreció todo eso en temas como “Lluvia al corazón”, “Manda una señal” o “El verdadero amor perdona”, acompañados de una performance que hace de Fher un verdadero Arjona con pantalones de cuero, por mucho que se esmere en despeinarse empinándose al seco un trago de vino blanco, servido en una impresentable botella plástica.

Su naturaleza, en tanto, sí queda clara con la invitación a dos fans al escenario, para que compartan un set acústico y romántico, con temas como “Te lloré un río”, “Huele a tristeza” y “Eres mi religión”, justo después de que la animadora Eva Gómez transformara el entusiasmo en disparate, otorgando a Maná el título de “la banda de rock más influyente de todos los tiempos”.

No era necesario llegar tan exageradamente lejos, porque hoy la mesa para Maná estaba servida, y así quedó en claro con el coro masivo y sonoro, la petición interminable de regreso, Antorcha de Oro (la de plata fue saltada), y gaviotas de Oro y Plata. De ese modo se coronó una jornada de comunión intensa, que incluyó hasta una celebración de cumpleaños (González) en bambalinas, y que demostró que los mexicanos son de esos nombres que tienen en Viña a su verdadera tierra prometida.

http://www.emol.com

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